Lo que el mundo espera de Argentina Imprimir
Comercio y Justicia
Escrito por Salvador Treber   
Viernes 02 de Agosto de 2013 00:00

Mientras en Estados Unidos y la Unión Europea el crecimiento de la producción agrícola ganadera crece cada vez más lentamente; en ocho países, entre ellos el nuestro, existen amplias posibilidades de lograr elevados índices anuales.

 

 

La población mundial alcanzó en octubre de 2010 a los 7.000 millones de seres humanos; luego de haber sumado los últimos 1.000 millones en sólo 12 años. Este proceso de continuo y cada vez más rápido ascenso no será eterno. Muy por el contrario, según los especialistas en la materia, hasta el año 2065 llegará a una cifra tope de 10.200 millones; a partir de allí, luego de mantenerse “amesetada” en cifras similares durante alrededor de dos décadas, comenzaría a disminuir.

Es obvio que esa evolución, semejante a una amplia parábola de tendencia descendente, se comportará de esa forma si en sus diversas áreas continentales y los países que las integran no hay mayores cambios en la tendencia de la evolución precitada. Conviene recordar que en muchos países industrializados, tales como Japón, Alemania, Francia e Italia, ya ha comenzado a disminuir la población. Tal circunstancia tiene como causa la menor tasa de procreación; a lo cual debe agregarse la paulatina pero firme extensión que asume la vida humana; configurándose así las condiciones básicas para que se verifique un masivo cuan progresivo envejecimiento.

Los requerimientos de alimentos vienen creciendo por encima de aquellos índices, impulsados por una demanda que en lo que va de este siglo subió en un 38.5%; previéndose asimismo que hasta 2022 hará lo propio, por lo menos, en otro 30.0%. Dicha estimación está fundada, además del crecimiento vegetativo de la población en la realidad que implica un incremento en los ingresos para unos 1.000 millones de personas. La cada vez más extensa franja puede acceder a una dieta que proporciona más de 2.800 calorías diarias; lo cual se irá  superando en las próximas décadas; a medida nuevos tramos mejoren su situación económico-financiera.

Esa acuciante problemática requiere que la producción de aquellos se adapte y adecue plenamente pues, de otra manera, los componentes de la “canasta familiar” se convertirían en bienes “escasos”; o sea, un desequilibrio vital que enfrentaría una demanda parcialmente insatisfecha. Lo que nadie duda es que por lo menos en la década 2013/22, los precios se mantendrán en niveles elevados; incentivo para que los países que pueden hacerlo, intensifiquen sus esfuerzos en tal sentido. Cabe señalar al respecto que Estados Unidos y los países de la Unión Europea no podrán extender su área en explotación y que los avances en tal sentido sólo dependerán en ellos de los eventuales aumentos en el  rendimiento que puedan lograr.

En cambio, China, India, Indonesia, Pakistán, Brasil, Méjico, Rusia y Argentina son los aparecen como mejor dotados para concretar sus condiciones potenciales y pueden subir en muy considerable proporción la producción actual, cubriendo en la medida indispensable la mayor área clave para alcanzar ese objetivo. Debe quedar muy claro que si no lo hacen, crecerá el número de personas que no podrán atender la dieta calórica vital y se acrecentaría la miseria. Semejante circunstancia transforma a lo que sólo es una plausible meta dentro de dichas economías, en una virtual exigencia prioritaria de solidaridad en el ámbito ecuménico.

Estimaciones y Proyecciones de organismos especializados.

Recientemente la organización privada CropLife realizó en México un foro sobre tales temas. Advierten que los futuros requerimientos deberán ser cumplimentados por Africa en un 40.0% y América Latina en otro 33.0%; ya que los mas grandes productores actuales sólo aportarán un muy modesto incremento del 3.0%. Sus tierras están casi agotadas y no pueden expandir su producción; situación ésta que también comparte el citado país anfitrión.

Mucho más digno de confianza es el último denominado Informe de Perspectivas Agrícolas, elaborado en forma conjunta por OCDE-FAO, para el período 2013/22 que fue presentado y discutido en la reunión especial recientemente celebrada en Beijing, donde se centró la atención en las perspectivas futuras de producción de alimentos. En primer lugar subrayan que hasta 2012 su tasa anual de crecimiento ha sido del 2.0% pero que desde 2013 a 2022 se prevé una importante desaceleración global pues se reduciría a solo 1.5%.

Bajo tal hipótesis se repasaron prolijamente una serie de facetas y falencias  que los indujeron a señalar como una realidad indiscutible que se está en presencia de una  virtual y muy preocupante “ralentización” de esa producción. Con el objeto de coadyuvar a corregir, mejorar y hasta superar esa situación, coincidieron en cumplimentar una serie de aspectos que concurren a crear dificultades y frenar el tan indispensable aumento. Entre ellas, subrayan la incidencia negativa que significan “una reducida expansión de las tierras agrícolas, el alza de los costos de producción, la creciente escasez de recursos y el aumento de las presiones ambientales.”

El análisis avanza suponiendo que todos los obstáculos enumerados y llegan a la conclusión que por el momento, bastará con mantener el nivel que ha asumido el disminuido la dinámica de crecimiento para atender la demanda actual; aunque ello requiere que algunos de los grandes productores no bajen su respectivo superior impulso. En forma muy expresa su confianza se centra en América Latina, especialmente Brasil, que sigue siendo un importantísimo centro y se espera que junto con Europa del Este, sean crecientes proveedores de los mercados agrícolas en el transcurso de la próxima década.”

En este escenario dicho país, pese a que es importador neto de trigo, se supone que pasará de los 145 millones de toneladas a no menos de 180 millones, de los cuales alrededor del 70.0% serían exportados. En cuanto a nuestro país, han estimado que lo hará a un mayor ritmo que casi todos los países que cumplen la misma función. Subrayan que al tener una población propia muy baja, los excedentes futuros serán de muy elevada cuantía.

Cálculos y proyecciones asignadas a nuestro país

Las más recientes elaboraciones al respecto parten de la realidad actual, es decir basándose en los resultados de la cosecha 2012/13, que son bastante semejantes a los de la concretada en el período 2010/11; habiendo estado, en ambos casos, en alrededor de cien millones de toneladas. Este total lo consideran consolidado y esperan que en el futuro próximo vaya creciendo, con lo cual será viable realizar embarques al exterior notoriamente superiores. Dado que los mismos alcanzan al 80.0% de la producción, en los respectivos destinos, satisfacen por el momento la demanda de 430 millones de personas.

La nueva estimación realizada para la década multiplica los excedentes pues en el mercado interno los incrementos apenas requerirán un 10.0% adicional calculado sobre el general. Por lo tanto, al finalizar el lapso plurianual previsto,  se estaría afectando a ventas externas entre 113 y 115 millones de toneladas.

El análisis procede a desagregar la participación que tendrán sus componentes principales y, en función de ellos, han confeccionado la proyección global. Por lo tanto, hasta 2022 concluyen que la meta mínima de la cosecha anual debiera comportarse de la siguiente forma: en trigo se pretende que evolucione de 11.5 a 15.7 millones (+35.5%); los granos oleaginosos que lo hagan de 53.4 a 73.7 millones de toneladas (+38.0%); y los granos forrajeros- en especial maíz y sorgo- pasen de 34.4 a 44´3 millones de toneladas (+30.0%). Si se cumplen tales objetivos en ese lapso, se lograría llegar a un total de 133.7 millones de toneladas y el mercado interno absorbería no más de 20.7 millones de ellas.

Junto a tales estudios existen otros que alientan expectativas, algunas harto superiores y abarcan también la posible tendencia respecto a la producción de carne vacuna, que estiman creciendo de 2.6 a 3.2 millones de toneladas (+23.0%); carne de pollo de 2 a 2.6 millones de toneladas (+30%); la de cerdo de 1.3 a1.9 millones de toneladas (+47.2%) e incluyen la de leche que la suponen superándose de los 12.178 de 2012 a 15.378 millones de litros en 2022 (+26.3%).

Las cifras expuestas, son en general, muy prudentes pues dichos resultados surgirían de una superficie sembrada sólo algo superior a la actual (de 34.5 a 40 millones de hectárea; o sea, una ampliación del 15.9%); mientras  el resto lo adjudican al mayor rendimiento que haría lo propio en otro 14.7%. Circulan otras evaluaciones más optimistas, entre las cuales merecen citar a la oficial -insita en el Plan Estratégico Alimentario (PEA)- que para 2020 ha calculado posible alcanzar las 160 millones de toneladas y la privada elaborada en  AACREA sostiene que si se adoptan las medidas de promoción que reclaman podrían duplicar la superficie agrícola en 13 o 14 años.

En la actualidad el sector agropecuario aporta al producto bruto interno un 8.2% y las manufacturas que utilizan materia prima proveniente del mismo un 31.4% adicional. En cuanto a la mano de obra ocupada por ambas equivalen al 4.7% y 11.3%, respectivamente, dado que según lo evaluado por el Banco Mundial, el grado de mecanización alcanzado es muy importante y ha venido desplazando mano de obra. Testimonio de ello es que según esa fuente internacional los tractores, en promedio, por cada 100 sq en 2007 era 136.9 unidades y en la actualidad pasan los 150.

Donde gravita en forma decisiva, y lo seguirá haciendo, es en la generación de divisas. Por los mencionados embarques ingresaron en 2012 casi el 45.0% de las mismas y esa entrada se irá expandiendo. Debe tenerse en cuenta que el área “arable”, según la denominación utilizada por la misma fuente, ascendió durante el período 2005/07 al 12.3% de la superficie total; la cual para 2012 se había elevado al 14.8%; bastante por encima de Brasil, donde sólo llegó en la primera fecha al 7.8% y ahora anuncian como el 9.4%. Las condiciones fitogeográficas en ambos países son muy propicias, por lo que es lógico que los especialistas concentren su atención en ellos.

En este contexto sólo es preocupante la continua deforestación que se viene haciendo con bastante poco orden pues en tal condición equivalía al 12.9% en 1990 y en la actualidad se ha reducido a no más del 10.0%. Frenar y racionalizarlo es tarea que debe asumir con mayor firmeza, sin concesiones, tanto por el Gobierno Nacional como por los de las 23 provincias. En todos los demás aspectos la expansión exitosa para la próxima década está asegurada por la creciente demanda del mundo.

 

Escrito por Salvador Treber - Profesor de Postgrado-FCE-UNC

Viernes 02 de agosto de 2013. Comercio y Justicia