A un siglo del crimen perpetrado en Sarajevo PDF Imprimir Correo electrónico
La voz del interior
Escrito por Salvador Treber   
Viernes 11 de Julio de 2014 00:00

Hace pocos días, el 28 de junio ppdo., se cumplieron cien años que Gavrilo Princip, un muy joven revolucionario serbio que pretendía reivindicar la independencia de su patria, en una esquina de la ciudad de Sarajevo asesinó al archiduque austriaco Francisco Fernando, hijo del Emperador austrohúngaro Francisco José y heredero del trono. El protagonista de ese crimen no podía siquiera suponer que su acto criminal habría de convertirse en la chispa que desataría la Primera Guerra Mundial; la cual se venía incubando desde no menos de una década atrás.

Desde Viena, capital del Imperio, se exigió una investigación que identificara a los cerebros del atentado, los sometiera  a proceso y que pidieran expresas disculpas presentando pruebas de todos esos elementos. Al transcurrir el plazo de treinta días para cumplimentar lo exigido y ante la falta de respuesta; el mismo día de julio dio inicio a las acciones bélicas. Como consecuencia de la red de alianzas preexistentes, bañó de sangre a buena parte de Europa; provocando 10 millones de muertos y el doble de heridos; aunque fue la secuela previsible de un largo proceso de gestación que comenzó cuando los países que lideraron la llamada “revolución industrial” buscaron la forma de eliminar a sus competidores mediante el tronar de los cañones. La contienda se extendió por cuatro años (1914/18), pero tres de sus protagonistas, sólo veinte años después, volvieron a repetir la tremenda masacre confrontando en la Segunda Guerra Mundial (1939/45).

Durante el transcurso de ésta ultima el uso masivo de la aviación, los bombardeos diarios de ciudades abiertas y de la población civil como así también la extensión de la guerra naval  de superficie y submarina fueron nuevos factores que la hicieron mucho más cruel y destructiva. En el caso de la Primera, los prolegómenos de este conflicto se remontan al enfrentamiento que sostuvieron Francia y Alemania (1870/1) de la cual ésta última salió triunfante, despojando a su vencida de las provincias fronterizas de Alsacia y Lorena. También tuvo un carácter semejante la ruso-japonesa de 1904 que al ser ganada por los nipones, los catapultó a salir de su voluntario ostracismo para empezar una nueva etapa de intervención activa en el ámbito ecuménico.

El estallido y desarrollo de la Primera Guerra Mundial.

La característica de la época fueron las alianzas con que se conformaron los dos bandos. Por un lado quienes se alinearon con Alemania y el Imperio Austrohúngaro, al que se sumó el Otomano; por el otro el Reino Unido, Francia y Rusia que contaron siempre con el respaldo nada disimulado de Estados Unidos, que recién en 1917 pasó a convertirse en beligerante activo y protagonista decisivo. Tan es así que luego de contribuir a la victoria del grupo que integró, ya convertido durante la década de los años Veinte en primera potencia e impulsado por la opinión pública interna, optó por asumir una política de aislamiento casi total.

En cuanto a Austria, constituye hoy un pequeño estado con poco más de 80 mil km2 (la mitad de la provincia de Córdoba) y unos 8 millones de habitantes. Los vencedores también crearon la Sociedad de las Naciones, con sede en Ginebra (Suiza), concediéndole facultades para dirimir todo tipo de conflictos entre sus países asociados aunque su presencia no atenuó los crecientes impulsos revanchistas. Por otra parte, sus decisiones favorecieron notoriamente a los mismos, adjudicándoles el “protectorado” de una serie de países que se consideraban “atrasados”. Así Inglaterra y Francia consiguieron entrar a operar para beneficio propio en todo Medio Oriente y en todo el Continente africano.

Esta postura dejó de ser viable a partir de la conocida “quiebra de la Bolsa de Wall Street”, en octubre de 1929, que marcó el inicio de la Gran Crisis de los años treinta que terminó con la vigencia mundial del “régimen de libre cambio”; el cual fue sustituido por otro de rígido intervensionismo estatal que se anunció como “transitorio”. Esta década fue signada por la Guerra Civil Española (1936/39) que ahogó con sangre de un millón de combatientes y civiles de la naciente república ibérica; cuya creación databa solo de un escaso quinquenio atrás pero se consideraba un “mal  ejemplo” para las monarquías reinantes del Continente.

Durante su transcurso Alemania, aliada del insurrecto General Francisco Franco que hasta ese momento había comandado las tropas ibéricas de la república en las posesiones de Africa del Norte, aprovechó la instancia para probar el uso de los bombardeos aéreos sobre una población; condenando a la reducción en cenizas de las viviendas y a muerte a los inocentes pobladores de la heroica población de Guernica.

Las consecuencias para cada uno de los mayores contendientes

El principal perdedor al término de la Primera Guerra mundial fue, sin dudas, el Imperio Austrohúngaro pues despareció como tal al ser desmembrado en forma total. El Emperador Francisco José I que había accedido a la corona en 1848 cuando contaba con apenas 18 años de edad, se vio obligado a abdicar en 1917 después de exhibir la corona por 69 años consecutivos; dando paso a que nacieran sendos países, que hasta ese momento lo integraban, los que adoptaron regímenes republicanos de estructura parlamentaria.

En cuanto a Alemania, perdió todas sus colonias en Africa y se creó a orillas del mar Báltico una “ciudad libre” que administraba el puerto de Danzing. Sobre su devastada economía recayó, además, la exigencia de pagar “reparaciones de guerra” que impusieron Francia e Inglaterra por una  suma imposible de pagar (24.500 mil millones de libras  esterlinas)..

Como era de suponer, luego de cancelar con mucho esfuerzo dos cuotas, se suspendieron para siempre los posteriores y Francia, luego de reclamarlos, penetró con sus ejércitos para ocupar la cuenca del río Rhur -zona donde estaban instaladas las mayores firmas industriales- y cobrarse requisando su producción con ese objeto. La respuesta fue un total “lock-out” por parte de dichas empresas fabriles que obligó a las tropas francesas a retirarse pues no  tenían posibilidades ni siquiera de dar de comer a sus soldados debido a esa acción colectiva de  repudio al invasor.

Los traumáticos sucesos antes referidos despertaron  en el seno del pueblo alemán la idea de reivindicar su presencia con toda la autoridad que pretendían ejercer. Ello explica, por lo menos en parte, la razón por la cual la muy culta población germánica no solo escuchó sino que se enfiló detrás del autor de a encendida oratoria y ansias de dominar el mundo. Ese simple sargento que se llamaba Adolf Hitler; agitó desde Munich hasta el paroxismo la sed de venganza conduciendo a su pueblo a una nueva derrota hasta la rendición incondicional el 5 de mayo de 1945 luego del suicidio, en los sótanos de la Cancillería, de quién con sus delirios provocara mas de 50 millones de muertos y el doble de heridos sumadas las víctimas de ambos bandos.

 

Salvador Treber – Prof. de Postgrado-FCE UNC. La Voz del Interior, 11/072014.

 
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