La búsqueda de nuevas fuentes energeticas PDF Imprimir Correo electrónico
Comercio y Justicia
Escrito por Salvador Treber   
Viernes 24 de Junio de 2011 18:32

 La fuerte baja en las reservas de petróleo y su consiguiente encarecimiento impulsan a experimentar nuevas alternativas que pueden modificar las funciones de producción

La reducción habida en las reservas, especialmente en las variedades livianas de petróleo que tienen como principales proveedores a los países de Medio Oriente ( en el ámbito de Arabia Saudita y sus vecinos mas cercanos) e Irán; viene preocupando cada vez más a quiénes requieren elevados embarques para sostener el ritmo de la actividad productiva.
El problema no estriba sólo en la verificación de que ya estamos frente a una curva de sentido decreciente, sino que ante la eventual escasez se opere un desproporcionado incremento en su costo. Ello supone que por este factor y dado su inclusión en los procesos de todos los demás sectores como insumo imprescindible, esa tendencia se extenderá a todo el mercado. Hay cierta coincidencia en que, si no se ha llegado estamos muy próximos a la extracción de la mitad del contenido en las áreas en producción; es decir, lo detectado y disponible. Desde esa situación en adelante, aunque a un ritmo variable según sus características, admiten que la declinación será inevitable y generalizada. Este diagnóstico que se hace a nivel mundial, aunque no existe un criterio unánime de cuanto tiempo más se podrá contar con dicho combustible que va en camino de su extinción. Los diversos cálculos formulados difieren bastante; pero en las fuentes, se los ubica entre cuarenta y cien años.
Durante los últimos períodos, los hallazgos de nuevos yacimientos de gran magnitud se circunscriben a los que están localizados en la cuenca del río Orinoco -en Venezuela- y en la plataforma submarina brasileña. Al margen del lapso que requieran para que comience la extracción en ambos casos; la misma, en el mejor de los casos, llevaría no más de una década las disponibilidades. En términos temporales constituye un muy pequeño desahogo, pero no involucra una solución definitiva. Fuera de esas dos situaciones muy especiales, a partir de 1985 lo que se descubrió no alcanzó para atender ni  siquiera lo consumido desde entonces.
Debe tenerse en cuenta que el petróleo cubre un tercio de la demanda energética mundial; seguido por el carbón (más contaminante y que debiera ser erradicado cuanto antes) con un 27.0%. Después se encuentra el gas que aporta un 21.0% adicional y una serie de fuentes muy minoritarias, siendo de todas ellas la atómica la más importante pero también muy cuestionada, con un 5.8%. Francia y Japón son los que la utilizan con mayor intensidad.
La fuerte influencia del factor costos.
La tendencia alcista en la cotización del barril de petróleo se ha convertido en un acicate a la búsqueda de otras alternativas. Si bien es cierto que gravitan presiones especulativas y de concentración oligopólica, en la etapa de distribución y comercialización, su cotización de seis dólares en 1960 ascendió a u$s 23 para abril de 2001 y ha llegado a un transitorio “pico” -el mas alto conocido- en julio de 2008 con u$s 132.55; para luego situarse, con oscilaciones, alrededor de los u$s 100. El máximo empinamiento coincidió con un momento excepcional y pasajero que acompañó a una violenta convulsión económico-financiera con epicentro en los grandes países industrializados del Hemisferio Norte; pero se puede afirmar que el precio del barril atravesó para quedarse en forma definitiva, la supuesta lejana barrera de los u$s 100.
En todas las proyecciones sobre el mismo, nadie vacila en augurar que se irá ubicando “en sucesivos escalones y siempre hacia arriba”, apuntando a alcanzar la nueva meta de los u$s 200, hacia la finalización de la presente década. En esa línea, la Administración de Información de Energía de Estados Unidos, advirtió que durante este año la cotización media terminará siendo 30.0% superior a la de 2010 y que subirá en igual proporción en el  transcurso de 2012. La situación resultante estrecha las perspectivas e impulsa la búsqueda de otras fuentes que cumplan con una abundante disposición y no impliquen un incremento significativo de los costos; condiciones éstas que son muy difíciles de conciliar.
La reciente catástrofe de Fukushima ha frenado la expansión que se venía dando en cuanto a la implantación de nuevas centrales atómicas y hace pocos días la primera ministra de Alemania, Angela Merkel, ha anunciado su decisión de cerrar definitivamente en el término de diez años, todas las que todavía operan en dicho país. Ya cumplió con el inmediato cese con ocho de ellas y, en forma progresiva, hizo conocer un cronograma para las 17 restantes. No todos admiten la sinceridad de esa medida por lo extenso del plazo, ya que es difícil que retenga su actual cargo por semejante término. Señalan sentenciosamente que la generalizada y rotunda derrota que sufrió en las elecciones locales, frente a la demostrada preferencia de los votantes por los planteos en ese sentido del Partido Verde, ha actuado en correspondencia con la puede evaluarse como la opinión pública prevalente sobre este tema. En forma paralela, pareciera que apuesta a expandir las llamadas fuentes renovables que tiene principios de concreción en la instalación en serie de plantas de biomasa, múltiples paneles solares y, muy especialmente, numerosos molinos destinados a aprovechar la fuente eólica. Por el momento no son solución a nada; ya que cubriendo apenas el 0.7% de los requierimientos a nivel mundial, en Alemania no ha logrado superar el 4.2%.
Los analistas más autorizados estiman que no es la vía para atender a la franja mayoritaria de la demanda y las máximas aspiraciones se circunscriben a alcanzar una limitada proporción que, en el mejor de los casos, pueda quizá suplir lo que en el futuro se pierda debido a la mencionada clausura de las centrales. En tal sentido tampoco despiertan demasiado optimismo en los demás países industrializados. Francia en su momento tomó la determinación de utilizar al máximo la fuente nuclear y tiene en funcionamiento 58 centrales que generan un 75.0% de la oferta total. Además, ya adelantó que no modificará ese enfoque y conservará la matriz energética actual mientras los nuevos experimentos no culminen con la creación de una fuente segura que constituya una verdadera opción.
La máxima esperanza actual: el petróleo “pesado”.
La búsqueda de soluciones alternativas es constante y hasta ahora la con mayor chance se vincula a la explotación masiva de petróleo “pesado”, pese a que su costo puede llegar a ser hasta diez veces superior al liviano que se viene usando en alta proporción, que tiene gran surgencia y cuya máxima expresión es la de origen saudí. Dado que por su elevada consistencia suele ser demasiado espeso, provocando por tal causa una más difícil extracción y refinación, se deposita en esta opción grandes esperanzas; incluso sobre la adopción de métodos que reduzcan  considerablemente los cuantiosos costos actuales.
En tal sentido, resulta muy sintomático que sean justamente Arabia Saudita y su vecino Kuwait junto con una de las mayores empresas petroleras quiénes se hayan asociado para llevar adelante la experiencia más importante en  este aspecto, asignando a la tarea un crecido presupuesto. Se está verificando en la zona desértica de Wafra, a 50 kilómetros del Golfo Pérsico y los resultados iniciales son bastante promisorios. El nuevo proceso implica la inyección de vapor a presión con el objeto de provocar un impulso adicional que facilite su llegada a la superficie. Dicho método no  es original pues se comenzó a aplicar en primera instancia en la zona de California para incrementar el caudal expelido en las respectivas explotaciones. Pero un tratamiento semejante a una especie de melaza, adherida a rocas de gran profundidad requiere un perfeccionamiento de esa técnica.
La eficacia está probada al implementado en yacimientos de menor magnitud y alguna consistencia, localizados en Indonesia. La zona de Wafra ya está en producción, colocando el producto extraído sin dificultad, incluso en Estados Unidos aunque en escala todavía baja. Además no cargan en los costos y consiguientes precios de comercialización la incidencia actual que exige dicho proceso, considerado previo a su puesta en funcionamiento masivo; aunque se han visto resarcidos parcialmente por la suba generalizada que viene operándose en el mercado mundial. Dado que otras tres grandes petroleras han gestionado y constituido combinaciones símilares, no solo para la zona inicialmente elegida sino extendiéndose a otros países del área (Barhrein, los Emiratos árabes Unidos y Omán) poniendo en juego inversiones que, en todos los casos, superan los u$s 500 millones. Es de suponer que se abstendrían de hacerlo si no fueran rentables en el futuro.
Se sospecha que probablemente las reservas de los precitados sean menores a las que se adjudican y hasta aventuran que la sobrestimación podría llegar al 30.0%. De otra manera no es nada fácil enconar una explicación razonable para que comprometan cifras tan elevadas y trabajen arduamente perfeccionando una tan compleja tecnología que implica lograr una buena surgencia en un material donde la misma es virtualmente nula.
De lo que hay certeza es que existe y es muy abundante pero, por el momento, de alto costo. En dicha zona los cálculos sobre el caudal recuperable lo hace ascender a 78.000 millones de barriles y en todo el planeta podría alcanzar a 435.000 millones; con lo cual, ante la carencia de sustitutos adecuados, podrían asegurar la provisión -de acuerdo a la demanda al nivel actual (88 millones de barriles diarios)- por alrededor de un siglo.
Según las investigaciones realizadas por el Servicio Geológico de EEUU las mayores áreas continentales a explotar, según su grado de importancia, aparecen encabezadas por las situadas en nuestra Sudamérica; que concentrarían el 30.1% de las reservas conocidas y aprovechables; seguida por el tradicional reducto de Medio Oriente, con una proporción muy semejante (29.2%) y América del Norte que contendría un 19.2%. Muy alejados de ellos, se sitúa Rusia en cuarto puesto con apenas el 5.5% y lo demás está muy diseminado en pequeñas proporciones parciales.
Tales relaciones están referidas exclusivamente a las explotables por medio de las tecnologías habituales, sin tomar en cuenta las que todavía están en experimentación. De tener pleno éxito, su introducción significaría multiplicar hasta cuadruplicar el volumen potencial a extraer. Argentina no quedaría al margen de esa posibilidad pues se tiene la certeza que en la Patagonia habría buenas perspectivas de localizar yacimientos de petróleo “pesado”.

Escrito por Salvador Treber - Profesor de Postgrado-FCE-UNC
Viernes 24 de junio de 2011. Comercio y Justicia

Última actualización el Viernes 24 de Junio de 2011 18:49
 
Banner
Banner
Banner
Banner