Grecia pone en jaque a la zona del euro PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Salvador Treber   
Viernes 17 de Junio de 2011 14:31

Pese a su muy escasa significación relativa, sus problemas han promovido una ardua discusión sobre las ventajas e inconvenientes de renunciar a tener una moneda propia como instrumento de política económica

Grecia, pese a su larga y muy rica historia, indiscutida cuna de la civilización occidental, es actualmente un pequeño país de sólo 132 mil km2 y poco menos de once millones de habitantes; con 13.676 km de costas sobre los mares Mediterráneo, Jónico y Egeo
Integra la Unión Europea con otros 26 países y también el área del euro junto a 16 asociados, encabezados por Alemania que representa el 27.0% del producto bruto total seguido por Francia con el 21.0%; mientras que el país helénico constituye un harto modesto 2.0%. Su situación económico-financiera actual es difícil, acosado por una elevada deuda externa equivalente al 140.0% del mismo; o sea, alrededor de u$s 450 mil millones. La desocupación asciende al 16.0% de la población económicamente activa y ese índice sigue en continuo aumento; al par que el desequilibrio con que cerraron las cuentas públicas el ejercicio 2010 llegó al 10.5% del mismo.
Obviamente, está al borde del “default” y de una virtual quiebra, lo cual ha movilizado a los demás miembros de la zona monetaria que compone, pues una emergencia de esa índole haría estallar el esquema dado que el Banco Central Europeo; además de tener en su cartera gran cantidad de títulos griegos, es garante ante los acreedores por los que ellos posean. Si en Bruselas se optara por no atenderlos, todo el esquema perdería credibilidad y tornaría harto dudoso que desde ese momento pueda seguir gozando de confianza. En resumen, es un socio muy pequeño pero jaquea a todo el andamiaje del área.
¿Cómo se llegó a ese extremo sin que nadie se percatara antes? La toma de conciencia casi coincidió con el “destape” ocurrido en Estados Unidos, donde se venía disfrazando para ocultar los graves apremios de los principales bancos y más grandes empresas, a partir del 15 de septiembre de 2008. De allí se irradió a varios países europeos cuyos bancos habían adquirido como inversión, valores que creían dignos de fiar y no lo eran. En Grecia, se supo su verdadera situación como corolario de las elecciones generales que ganó la oposición.
Se “destapa la olla”.
Sin compromisos y tratando de no pasar por  cómplices, al producirse el desplazamiento del gabinete conservador que gobernaba desde diez años atrás y había maniobrado dolosamente, la nueva administración sinceró en su real magnitud lo que estaba aconteciendo. El flamante primer ministro Georges Papandreou, de filiación socialista, al tener pleno acceso a la información no dudó en darla a publicidad. De esta forma, llegó a disponer de todas las pruebas de que se había venido falseando la realidad en el transcurso del nuevo siglo y que, como consecuencia de ello, se torna desesperada; no existiendo posibilidad alguna de atender los compromisos.
Expuesta en su angustiosa dramaticidad a los demás países del área del euro, que venían siguiendo con especial preocupación lo que sucedía en Irlanda, Portugal e incluso hasta en España; luego de examinar los aspectos y peligros que involucraba, optaron por ofrecer ayuda para superar el trance pero fuertemente condicionada a la adopción de un drástico plan de saneamiento. Las negociaciones se pusieron tornaron muy difíciles y las exigencias severísimas; compartiendo la conducción de las mismas la representación tripartita de la Comisión de la Unión Europea, el Banco Central Europeo y el F.M.I.
De dichos estudios arribaron a la conclusión que se necesitaba un auxilio de u$s 110 mil millones para evitar el colapso y, como garantía de usarlo correctamente, se impuso como requisito ineludible un rígido calendario en el cual debían bajar el desequilibrio fiscal al 7.5% hasta fines de 2011 y al 3.0% para un año después. La aplicación de la operatoria, desde entonces, quedó sometida a una auditoria permanente a cargo del citado organismo financiero internacional con sede en Washington. Las gestiones fueron muy arduas y los griegos trataron que haya algún grado de elasticidad en su aplicación pero, obligados por las circunstancias, terminaron por aceptar todos los planteos. Se convino que la precitada cifra se irá entregando en diversas cuotas y contra la verificación previa de que se cumplieron los compromisos asumidos para ese lapso.
El primer “plan de austeridad” incluyó un fuerte recorte del gasto público, despido de 30 mil empleados estatales e incrementos generalizados en la carga tributaria; aunque resultó insuficiente para aliviar los múltiples apremios preexistentes. Frente a esa gravísima constatación, y al borde del colapso, con toda premura se delineó un segundo plan; mucho más drástico y de superior alcance con otros, aún más severos, ajustes. Los mismos comprender una extensa cadena de privatizaciones de empresas públicas, bajo la consigna general de que “se deberá vender todo aquello que sea vendible”; complementando con un nuevo acentuamiento del componente impositivo que grava sobre los bienes de consumo familiar y las diversas clases de bebidas, además de aplicar sobretasas a la provisión de gas, electricidad, transporte y demás servicios. El tope de despidos a concretar se amplió hasta abarcar a otros 20 mil agentes, fijando el compromiso expreso de reducir dentro de este año el gasto en no menos de 6.000 millones de euros,
El referido plan privatizador fijó una meta de mediano plazo que los obliga, en el término de cuatro años y hasta fines de 2014, a hacer enajenaciones que permitan disponer de 50.000 millones de euros para cubrir pasivos. Se detalló con toda precisión a ese efecto que deberán poner en venta las instalaciones de sus dos principales puertos, el servicio de correos, las empresas de electricidad, teléfonos y provisión de agua. Todas estas exigencias y sus previsibles consecuencias han provocado una reacción en cadena de la población que advierte, con fundamentos, que pretenden hacer recaer sobre sus espaldas el mayor peso del riguroso esquema, dejando fuera a las firmas que, en general, embolsaron elevados beneficios durante toda la década precedente.
Papandreou, por su trayectoria y convicciones, no comparte esos lineamientos pero no tiene muchas opciones ni recursos para resistirse o rechazarlos. Un intento en tal sentido ha sido un planteo por el cual requiere atención sobre la necesidad de que le provean un aporte adicional de 17.500 millones de euros en “plata fresca” antes del 26 de junio pues, de otra manera, considera que deberá “abrir los brazos” y declarar el “default”. Es evidente que este es el único, pero poderoso, argumento que le queda para frenar los ímpetus privatizadores y gestionar incrementos en la ayuda externa. Al mismo tiempo, objeta el nivel que se quiere establecer a los impuestos ya que teme que provoquen un efecto contrario; es decir, un generalizado desaliento en el sector privado y bajas muy pronunciadas del consumo que podrían elevar el índice de desocupación en 2012 a un catastrófico 25.0%.
Todos estos pronósticos agoreros han movilizado en forma cada vez más amplia y agresiva la reacción de los diferentes sectores de la población que, pese a ello, no acusan ni responsabilizan al primer ministro actual sino que apuntan a sus antecesores e instan a aquél que resista y rechace las referidas imposiciones. La zona circundante a la plaza principal de Atenas, frente al edificio del Parlamento, se ha convertido en el escenario cotidiano de permanentes manifestaciones y expresiones de contrariedad que tienen por objeto anular el plan que han diseñado los tres organismos internacionales “salvadores”. Mientras estos se preparan para profundizar las medidas y la vigencia de otras restricciones, los reclamos se generalizan. Han proclamado la decisión de hacer una huelga general el día 21 de junio próximo, que amenaza no ser muy pacífica y que podría prolongarse en el tiempo. Por otro lado, el nuevo y espontáneo movimiento de “indignados” que nació en España, y viene expendiéndose a muchas ciudades europeas, ha tomado la vanguardia en la organización de dichas protestas anunciando que tratarán “por todos los medios” de evitar, aunque sea en parte, el peso del “ajuste” que se avecina.
El futuro del euro.
La posibilidad que Grecia llegue a romper su vinculación con el área del euro y retorne al uso de su moneda nacional -el dracma- no constituye una ficción sino una alternativa que podría convertirse en una realidad, si la situación se ve forzada por los ajustes,. El autorizado especialista Paul Krugman, Premio Nobel de Economía, estima sobre el particular que “hay un 50% de posibilidades” que sus gobernantes adopten dicho camino. El primer ministro griego, por su parte, en forma muy sentenciosa advirtió que “Si no recibimos el dinero el 26 de junio nos veremos obligados a cerrar la tienda y declarar  la imposibilidad de pagar nuestras obligaciones”; declaración que se complementa con la de algunos de sus colaboradores que dan como un  hecho la vuelta al dracma.
Lo importante es llegar a la certeza sobre si realmente constituye una solución o solo produciría cierto alivio. La recuperación de la conducción en cuanto a la política monetaria puede ser útil para modificar o “licuar” compromisos pactados en el mercado interno; pero es absolutamente inocua para enfrentar a los acreedores externos que exigirán se cumpla en moneda “fuerte”. Si se proponen plantear una quita de proporciones inéditas, al no contar con el apoyo y los créditos de sus socios del área-euro, es probable que pierdan más de lo que ganen.
El uso desproporcionado de la vía emisionaria como sustituto de recursos tributarios insuficientes para financiar gasto público, genera presiones inflacionarias y reducción en el valor adquisitivo de la misma; proceso que perjudica especialmente a quienes tienen menor posibilidad de ajustar dichas tenencias a los nuevos niveles de precios. En el caso griego, serían los asalariados los principales destinatarios y victimas, sumando a esta circunstancia las sensibles bajas en puestos de trabajo y prestaciones sociales; sin lograr esquivar los efectos de un caos generalizado y de que recaigan consecuencias de un aun peor pronostico.
No es fácil adivinar lo que en definitiva hará Papandreou...Un alto funcionario en Bruselas se sinceró diciendo que “El problema es político. Porque desde el punto de vista económico, no hay problemas de liquidez, la ayuda a Grecia, en verdad, son migajas; se trata de un pequeño porcentaje del PBI europeo. No hay problemas de liquidez, sino de voluntad política”. Esto es verdad, pero el devenir de la Historia esta plagado de instantes cruciales en que una pequeña chispa alcanzó para desatar grandes incendios... ¿Estarán munidos los principales protagonistas de suficientes dosis de sabiduría y sentido común como para evitarlo?

Escrito por Salvador Treber - Profesor de Postgrado-FCE-UNC
Viernes 17 de junio de 2011. Comercio y Justicia

 
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